Gente optimista y gente ingenua

por | 21 noviembre, 2016

Gente optimistaGente optimista y gente ingenua

Existe una gran diferencia entre la gente optimista y la gente ingenua aunque en muchas ocasiones se confundan fácilmente ambos términos. Y la diferencia más importante radica en la manera de entender y de afrontar la vida.

Dicen que un optimista solo es un pesimista que está mal informado pero no es verdad. Mientras que una persona ingenua no ve la realidad y a menudo vive en su propio mundo color de rosa, una persona optimista es perfectamente capaz de ver lo que le rodea, percibe los problemas y también lo negativo que hay a su alrededor. Pero es capaz de trabajar de una manera asertiva para transformarlo.

Gente optimista y gente ingenua su transformación

Y para transformar todo lo que le rodea, una persona optimista tiene que comenzar por transformarse a sí misma. Esto es algo que un ingenuo jamás se plantearía ya que este no ve la necesidad de cambiar. Para el ingenuo todo está bien tal y como está, aunque el mundo se esté desmoronando a su alrededor.

Para cambiarse a sí mismo, para mejorarse, el optimista trata de conocerse mejor. A partir de ahí busca las herramientas que le ayuden a cambiar aquellas cosas que identifica como puntos débiles o aspectos de su personalidad que realmente no le gustan.

La ayuda profesional imprescindible

Para esto no duda en pedir ayuda acudiendo a charlas motivacionales o incluso a coach o cursos basados en la inteligencia emocional. Al desarrollar su inteligencia emocional el optimista aprende no solo a cambiar aquello que quiere transformar, sino también a aceptarse con sus fallos.

Aceptarse no quiere decir que no se luche por cambiar, pero sí supone la aceptación de que nadie es perfecto y que no debemos de exigirnos la perfección para estar contentos con nosotros mismos.

Simplemente hay que hacer las cosas lo mejor que se sabe y se puede, luchar por progresar como personas y por ser capaces de crecer, pero sin culparse ni castigarse por los errores o fallos.

Una vez que el optimista aprende a mejorarse como persona también aprende a mejorar su entorno, a percibir qué personas son las que necesitan de su ayuda y quienes son tóxicas y deben de ser evitadas porque no se les puede ayudar.

De este modo crean a su alrededor un entorno agradable, basado en la confianza y en la ayuda, pero también realista. No es un entorno abierto a cualquiera que pueda aprovecharse y hacerle daño. Porque un optimista, no es un ingenuo.